SESIONES INDIVIDUALES

Separación de pareja y dependencia emocional 

Hace un tiempo un cliente acudió a una sesión individual porque quería dejar de fumar, y me dijo: “Es que a mí el cigarro me hace compañía. ¿Qué hago sin él  leyendo un libro, cuando miro el mar, tomando un café, etc?”

Este hombre había venido a mi consulta hace unos meses por una crisis de ansiedad tras un duelo debido a la separación con su pareja. A lo largo de diversas sesiones ya había logrado integrar y asumir que los lazos que había creado con su novia se basaban en la dependencia emocional en lugar del amor.

En las relaciones se crean lazos inconscientes donde damos con la expectativa de recibir, y recibimos con la condición de no defraudar al otro: “te soy fiel,  por lo tanto tú … no me puedes traicionar” , “me he ido unos días por mi cuenta, ahora me toca acompañarte a ver a tu familia, que a pesar de que sólo la idea de ir me disgusta, no te puedo decepcionar”.

Actualmente se habla mucho del amor incondicional, que no es otra cosa que  “el dar sin pedir nada a cambio: amar sin expectativas”.

Las relaciones que se basan en el amor incondicional no crean lazos de codependencia, sino de apoyo y de respeto; ante todo el respeto hacia uno mismo para que cada acción pueda ser auténtica y guiada por el corazón.

En la práctica, para llegar a este sentimiento genuino, se necesita una desprogramación del sistema de creencias y de afectividad con el cual hemos venido al mundo y con el que hemos sido criados.

La mayoría hemos nacido de madres que llevan una memoria de abandono y dependencia. A lo largo de la historia la relación entre hombres  y mujeres se ha cristalizado en: “Yo llevo el dinero a casa y Tú cuidas de mí y de mis hijos”.  Por lo tanto la mujer ha tenido que lidiar constantemente con el miedo a quedarse sin medios de sustento material y el hombre sin el cuidado necesario. El miedo a que el otro nos haga daño o nos abandone viene experimentado desde la infancia y sigue reproduciéndose en las relaciones. De esta forma crecemos con un mandato interno que actúa inconscientemente: “No me abandones sino serás abandonado”. Sin darnos cuenta estamos sosteniendo el miedo de nuestros padres, nos sentimos culpables si los abandonamos y los culpamos por todas las veces que lo hicieron con nosotros. Y repetimos este juego en las relaciones; se instala así en nuestro programa el miedo a “no ser amado”:”Si no actúo como se espera de mí me quitan el amor”.

Así que la mayoría de las veces no seguimos nuestra verdadera naturaleza y no nos dedicamos a realizar nuestros sueños porque estamos “ocupados” en mantener el amor de nuestros seres queridos.

Volviendo al hombre que quería dejar de fumar, muy pronto se dio cuenta que aún habiendo curado las heridas de la separación y soltado los lazos y creencias de dependencia emocional, dentro de sí quedaba todavía un miedo bien enraizado que le creaba la ansiedad de fumar. “¿Cómo me amo yo a mi mismo, en completa soledad?”

El tema del amor hacia uno mismo y de la soledad merece otro capítulo aparte. De momento es importante recordar que el amor incondicional puede nacer sólo cuando uno ha aprendido a tratarse a sí mismo “sin expectativas y sin condiciones”. Bellas palabras que a la hora de enfrentarse con la realidad, a veces, se difuminan. El solo entendimiento no garantiza la capacidad de gestionar lo que sentimos. En el caso descrito anteriormente, la adicción al tabaco, escondía una emoción mas profunda: el ansia a quedarse sin nadie.

Lo que solemos hacer cuando aparece una emoción es taparla con otra emoción más placentera. Por ejemplo cuando nos atrapa una emoción desagradable o que nos desestabiliza tendemos a distraernos, encendiendo la tele, llamando a los amigos, comiendo, etc. De esta forma se crean estratos y estratos de emociones tapadas que a la larga se manifiestan con adicciones, comportamientos compulsivos o incluso con enfermedades.

Otras veces creemos que lo que nos hace daño es una cierta situación, pero investigando más a fondo descubrimos que son otros los recuerdos o sentimientos que se esconden por debajo.

El trabajo emocional consiste en acceder conscientemente a los varios estratos emocionales y en cada uno de ellos aprender a conocer los propios recursos para gestionar la emoción y soltarla. Con este proceso, liberando capa tras capa se llega al verdadero núcleo;  y cuando se llega allí, la persona en cuestión adquiere toda la información necesaria acerca de su bloqueo y libera su sabiduría interna para encontrar su propia y única solución.

La experiencia de vivir y soltar nuestras cargas emocionales nos recuerda que en el cuerpo está todo el conocimiento que necesitamos. Reconectar con nuestra sabiduría interna nos devuelve la seguridad, la claridad y la paz perdida.